ORACIONES DE ADVIENTO

Oración para todos los días de Adviento



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

Guía: Reconozcamos ante Dios que somos pecadores.

Todos: Yo confieso ante Dios Todopoderoso, y ante ustedes hermanos que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes hermanos, que intercedan por mí ante Dios, Nuestro Señor. Amén.

-Ahora se rezan las oraciones correspondientes de cada semana y se encienden las velas indicadas.

-Al concluir, rezar lo que sigue:



Oración final para todos los días:


¡Visita, Señor, este hogar: aleja de él las insidias del enemigo; que tus santos ángeles habiten en él y nos guarden en paz, y que tu bendición permanezca siempre con nosotros. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.


Guía: Ven Señor y haz resplandecer tu rostro sobre nosotros.


Todos: Y seremos salvados. Amén

Padre Nuestro; Ave María; Gloria.



Oremos: Infunde, Señor, tu gracia en nuestros corazones, para que los que hemos conocido, por el anuncio del Ángel, la Encarnación de tu Hijo Jesucristo, lleguemos por los Méritos de su Pasión y su Cruz, a la gloria de la Resurrección. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.



I – Primera semana (1er Domingo de Adviento)



Lectura del libro del Apocalipsis (22, 4-5): “Verán al Señor cara a cara, y llevarán su nombre en la frente. Ya no habrá más noche, ni necesitarán luz de lámpara o del sol, porque el Señor Dios irradiará luz sobre ellos, y reinarán por los siglos de los siglos”.Palabra de Dios.


Encendemos una vela color morado.


Guía: Encendemos, Señor, esta luz, como aquel que enciende su lámpara para salir en la noche al encuentro del amigo que ya viene. En esta primera semana de Adviento queremos levantarnos para esperarte preparados, para recibirte con alegría. Muchas sombras nos envuelven. Muchos halagos nos adormecen.

Queremos estar despiertos y vigilantes, porque tú traes la luz más clara, la paz más profunda y la alegría más verdadera. ¡Ven, Señor Jesús!. ¡Ven, Señor Jesús!



Oración a la Santísima Virgen:

Salve, Reina de los cielos y Señora de los ángeles; salve raiz; salve puerta, que dio paso a nuestra luz.

Alégrate, virgen gloriosa, entre todas la más bella; salve, oh hermosa doncella, ruega a Cristo por nosotros.Amén .



(Ahora rezamos la «Oración final para todos los días»)



II – Segunda Semana (2do Domingo de Adviento)



Lectura de la Segunda carta de San Pedro (3,13-14): “Nosotros esperamos, según la promesa de Dios, cielos nuevos y tierra nueva, un mundo en que reinará la justicia. Por eso, queridos hermanos, durante esta espera, esfuércense para que Dios los halle sin mancha ni culpa, viviendo en paz». Palabra de Dios.



Encendemos dos velas color morado.



Guía: Los profetas mantenían encendida la esperanza de Israel. Nosotros, como un símbolo, encendemos estas dos velas. El viejo tronco está rebrotando se estremece porque Dios se ha sembrado en nuestra carne…

Que cada uno de nosotros, Señor, te abra su vida para que brotes, para que florezcas, para que nazcas y mantengas en nuestro corazón encendida la esperanza. ¡Ven pronto, Señor! ¡Ven, Salvador!



Oración a la Santísima Virgen:


Madre del Redentor, Virgen fecunda,puerta del cielo siempre abierta,estrella del mar, ven a librar al pueblo que tropieza y se quiere levantar.

Ante la admiración del cielo y tierra, engendraste a tu Santo Creador,y permaneces siempre virgen. Recibe el saludo del Ángel Gabriel,y ten piedad de nosotros, pecadores. Amén.



(Ahora rezamos la «Oración final para todos los días»)



III – Tercera Semana (3er Domingo de Adviento)



Lectura de la Primera carta a los Tesalonicenses (5,23): “Que el propio Dios de la paz los santifique, llevándolos a la perfección. Guárdense enteramente, sin mancha, en todo su espíritu, su alma y su cuerpo, hasta la venida de Cristo Jesús, Nuestro Señor». Palabra de Dios.



Encendemos dos velas color morado y una rosada.



Guía: En las tinieblas se encendió una luz, en el desierto clamó una voz. Se anuncia la buena noticia: ¡El Señor va a llegar! ¡Preparen sus caminos, porque ya se acerca! Adornen su alma como una novia se engalana el día de su boda. ¡Ya llega el mensajero!. Juan Bautista no es la luz, sino el que nos anuncia la luz.

Cuando encendemos estas tres velas cada uno de nosotros quiere ser antorcha tuya para que brilles en el mundo entero. ¡Ven, Señor a salvarnos, envuélvenos en tu luz, y enciéndenos en tu amor!



Oración a la Santísima Virgen:


Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A ti clamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh, clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María!

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.


(Ahora rezamos la «Oración final para todos los días»)



IV – Cuarta Semana (4to Domingo de Adviento)



Lectura de la primera carta de San Pedro (5,8-9): “Sed sobrios, estad despiertos, que vuestro enemigo, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quién devorar; resistidle firmes en la fe». Palabra de Dios.


Lectura de la primera carta de San Pablo a los Tesalonisenses (5,23): “Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la venida de Nuestro Señor Jesucristo». Palabra de Dios.



Guía: ¡Ven, Señor, y no tardes!

Todos: Perdona los pecados de tu pueblo


Encendemos las cuatro velas.


Guía: Bendigamos al Señor

Todos: Demos gracias a Dios



Lectura del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Lucas (2:6-7): “Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento». Palabra de Dios.


Guía: La Virgen y San José, con su fe, esperanza y caridad salen victoriosos en la prueba. No hay rechazo, ni frío, ni oscuridad ni incomodidad que les pueda separar del amor de Cristo que nace. Ellos son los benditos de Dios que le reciben. Dios no encuentra lugar mejor que aquel pesebre, porque allí estaba el amor inmaculado que lo recibe. Nos unimos a La Virgen y San José con un sincero deseo de renunciar a todo lo que impide que Jesús nazca en nuestro corazón.



Oración a la Santísima Virgen:

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no desprecies las suplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita. Amén.


(Ahora rezamos la «Oración final para todos los días»)




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