DIA 28

El Espiritu Santo es nuestra guía

El Espiritu Santo es nuestra guía


EL LOS GUIARÁ a toda la verdad” (Juan 16:13). A menos que usted sea guiado a ver la verdad por el Espíritu, usted nunca la verá. “El que no tiene el Espíritu no acepta lo que procede del Espíritu de Dios, pues para él es locura. No puede entenderlo, porque hay que discernirlo espiritualmente” (1 Corintios 2:14). Sin el Espíritu probablemente pensaríamos que es nuestro gran cerebro lo que evita que veamos lo que está allí. Solamente por la guía del Espíritu Santo podemos entender la Biblia y luego experimentar el gozo del Espíritu.


Mi pasatiempo durante muchos años fue pescar macabijos en los Cayos de Florida. Los macabijos (son peces huesudos y virtualmente no son comestibles) son astutos, asustadizos, difíciles de ver, rápidos como relámpagos, que nadan en aguas poco profundas y que son muy divertidos de atrapar. El promedio de tamaño es de entre seis y ocho libras [2,72 a 3,63 kg]. Pero si nunca lo ha intentado, es poco sabio hacerlo la primera vez sin un guía profesional. Cuando escuché esto la primera vez, me rehusé a contratar al guía. Primero, no quería pagar sus honorarios. Segundo, no quería admitir que necesitaba un guía. Pero después de varios fracasos por mi propia cuenta me rendí y contraté un guía. ¡Lo gracioso fue que me llevó a los mismos lugares exactamente en Largo Sound donde había estado pescando durante meses sin ver un solo macabijo! Con este tipo de pesca—que requiere acecharlos y verlos antes de que ellos lo vean a usted—es imperativo verlos antes de que les eche la línea. ¡Pero yo ni siquiera había visto al primero! ¡Pero con el guía los vi en un instante! Nunca lo olvidaré. Finalmente pude verlos. Y aun así yo jamás había visto uno por mi cuenta sin un guía.


El Espíritu nos “guía” a la verdad; mostrándonos lo que está allí pero que no se puede ver sin que Él abra nuestros ojos. Admitir que necesita al Espíritu Santo es algo que vuelve humildes a los soberbios. ¿El costo? Que nuestra soberbia sea hecha pedazos. Pero una vez que somos quebrantados y facultados para ver nuestra necedad, el Espíritu nos mostrará cosas maravillosas en la Escritura. Sucedió que estuve recientemente en Bimini, Bahamas, para pescar un poco de macabijos. Contraté a un guía maravilloso: “Tommy Macabijo”. A pesar de saber verlos (en el pasado), me di cuenta de cuánto había olvidado sobre cómo detectarlos, incluso en agua diáfana como el cristal de solamente un pie [30,48 cm] más o menos de profundidad. De hecho, la mayoría de los pescados que atrapé ni siquiera los vi; Tommy me decía dónde echar la línea, y yo entonces los atrapaba. ¡Me sentí tan tonto!


Algunas veces los cristianos experimentados—que sabemos teología sana— necesitamos humillarnos y admitir nuestra necesidad para mayor iluminación por parte del Espíritu. Necesito al Espíritu Santo más que nunca. He estado leyendo la Biblia durante unos setenta años. La he leído completa unas cuarenta veces. Pero algunas veces siento que apenas comienzo a conocer a Dios y su Palabra. Nunca crecemos lo suficiente como para ya no necesitar la Guía Celestial que nos lleve a la verdad que nunca habíamos visto antes, pero que siempre ha estado allí.


No olvide lo más importante según Jesús: el Espíritu Santo nos guía a toda la verdad. La verdad mencionada aquí es verdad objetiva; no la opinión subjetiva de alguien. Esto significa que si el Espíritu Santo me guía y el Espíritu Santo lo guía, llegaremos a la misma posición doctrinal. Hay una fe; la fe encomendada de una vez por todas a los santos (Judas 1:3). Por ejemplo, estaremos de acuerdo que Jesús de Nazaret es el Mesías que fue profetizado en el Antiguo Testamento.


Creeremos que Él fue el Logos eterno que estaba con Dios y que Dios lo “envió” a este mundo. Nació de una virgen. Vivió sin pecado. Su muerte en la cruz fue por nuestros pecados. Fue resucitado de los muertos. Envió al Espíritu Santo para hacer todo lo que fue prometido de Él. Lo que es más, ¡viene de nuevo! Esta es verdad objetiva. Es a lo que el Espíritu Santo guiará a cada creyente a abrazar. Eso es lo que quiere decir que el Espíritu Santo sea nuestra guía. También tenemos su guía en otras cosas. “Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas” (Proverbios 3:6). Pero lo principal que Jesús tenía en mente con respecto a que el Espíritu Santo fuera nuestra guía es que Él nos guía a la verdad. Nunca seremos engañados si lo escuchamos y lo seguimos.


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